La reacción de la Fórmula 1 al caso de Bianchi

Jules Bianchi, un joven de apenas 25 años, piloto de fórmula 1, ha tenido un gravísimo accidente en el Gran Premio de Japón de 2014. La lluvia predicha desde mediados de semana contribuyó al desastre. El tifón Phanafone pasaba por el archipiélago japonés justo el fin de semana del Gran Premio. Grandes gestas y apoteósicos triunfos bajo torrenciales aguaceros han marcado la historia de la fórmula Uno, y no podría escribirse ésta sin mencionar la habilidad y destreza de grandes pilotos para sortear ese formidable obstáculo que es el agua en la pista.

La lluvia como el calor forman parte de los hasta hace no mucho, imponderables eventos que podían ocurrir en un Gran Premio. Ahora la precisión de las predicciones meteorológicas ha alcanzado cotas que permiten determinaciones con márgenes de minutos e incluso pronosticar la cantidad de agua y por cuanto tiempo caerá. Las cercanías de los circuitos se siembran de estaciones meteorológicas para informar continuamente a los equipos y a la organización de las eventualidades pluviales.

Louis Hamilton por ejemplo es un as bajo la lluvia, de lo que puede ser demostración su actuación en Silverstone hace 4 años, cuando en asfalto mojado y lloviendo dobló al resto de competidores incluyendo a su inmediato seguidor.

Sin embargo la Fórmula 1 por un lado ha aumentado la seguridad de los pilotos a niveles de excelencia, lo cual es magnifico, pero por otra parte toma decisiones frente a estos imponderables mencionados más arriba basadas en el criterio preponderante de un individuo, Charlie Whiting, y en el negocio-espectáculo.

Es difícil decir ahora que hubiera podido adelantarse el Gran Premio, cosa que se propuso dadas las predicciones meteorológicas, o que era necesario detener la carrera porque Jules Bianchi no podía ser evacuado por el helicóptero, lo que desmintió la propia imagen televisiva del helicóptero en vuelo. Pero son decisiones que toman los comisarios.

 

 

Bianchi probablemente no podía ser trasladado en helicóptero por la naturaleza de sus lesiones, la dificultad para aplicar medidas de reanimación en vuelo, o el efecto de la presión atmosférica al elevar y descender el aparato.

Es notable además la volatilidad y veleidad de la opinión pública expresada en medios y redes sociales. Cuando antes del accidente se protestaba por la falta de coraje en la FIA, es decir C. Whitin, para dejar correr en condiciones de lluvia, que para eso existen los neumáticos de lluvia extrema, que está en el espíritu del deporte enfrentar condiciones adversas, que hay pilotos más hábiles que otros, que las estrategias, luego del accidente se desgañitaban despotricando de la misma FIA, de Ecclestone y de Whiting porque con su permisividad, avaricia, falta de previsión o imprudencia dejaron seguir la carrera aunque el helicóptero no podía volar, cosa que por cierto también fue desmentida. bianchi

Menos personas de las esperadas han reparado en las responsabilidades organizativas, en el evidente error que significaba que entrara maquinaria pesada a las zonas de escape del circuito. En la imagen de televisión todos podíamos ver a una grúa al borde de la pista, justo en la curva más peligrosa, interpuesta entre el asfalto y las barreras de seguridad contra las que había chocado el coche de Sutil, quien había salido ileso probablemente porque su choque era de menor energía pero también porque chocó contra esas barreras elásticas y no contra un objeto voluminoso y contundente como es una grúa. Banderas verdes aparte, el coche de Bianchi entró directo en la curva y siguió su trayectoria hasta el violento choque contra la máquina.

Parece, como dice Emilio Pérez de Rosa el El Periódico, que lo que no parece haber es acto de contricción de la propia FIA, de la organización del GP de Japón o de los dueños del circo.

 

 

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