Entonces ganó Syriza

Año convulso en la política griega y por tanto en Grecia. El mismo líder que llegó al poder en Enero de 2015, que se enfrentó a la Troika, que prometió acabar con los ajustes y la austeridad, que puso todo al borde del colapso, tuvo que imponer el corralito restringiendo y limitando el acceso al dinero, a su dinero, a los ciudadanos griegos, luego convocó un referéndum y finalmente desconoció el mandato popular, dimitió y llamó a elecciones ha ganado claramente. Entonces ganó Syriza, su partido.

Por gracia del sistema electoral griego el partido del señor Tsipras tendrá 50 diputados adicionales como consecuencia de haber logrado la mayoría en las elecciones. Los damnificados de este torbellino que es la política griega son los disidentes de Syriza que se alejaron de este gobierno predicando contra el Euro como moneda, contra Merkel, contra la Unión Europea y contra los organismos financieros internacionales y a favor de la soberanía política, monetaria y económica. Ahí cayó Varoufaquis, muy mediático pero poco apoyado políticamente.

Resultados sorprendentes los de las elecciones griegas, que parecen perdonar el recurrente engaño que significa el discurso de Tsipras y la propuesta de Syriza, que han doblado la rodilla una y otra vez con el argumento de la estabilidad y “la mejor opción posible”.

El mismo argumento de sus predecesores, de gobernantes de otras tendencias políticas y de otras latitudes: “este es el mejor acuerdo que hemos pedido lograr.” Lo mismo dijo Samaras, lo mismo dijo Papandreu, lo mismo le oí decir a Jaime Lusinchi, presidente socialdemócrata de Venezuela en los años 80.

Eso sí, veleidosa es la economía. La misma opción política que convirtió en un baile de San Vito hace apenas un semestre a toda la zona euro disparando primas de riesgo y abocando a Grecia al abismo o al menos a la salida del Euro, con mercados en pánico, ahora parece tranquilizar todo y agradar a esos mismos mercados.

El pueblo griego que votó a Syriza aún está en contra de la austeridad, pero no parece asociar a Tsipras con ella, a pesar de ser gobierno y comprometerse a cumplirla de ahora en adelante empaquetada en las medidas del tercer rescate. Es una postura contradictoria que demuestra que no se asocia el pensamiento político con las sensaciones y las esperanzas. El pueblo no siempre tiene la razón en una democracia, aunque tenga el poder.

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