El centenariazo parte 2

Venezuela ha triunfado frente a Uruguay. El temor previo, producto de la historia, se disipó con el paso de los minutos.

Puede haber múltiples interpretaciones de ese partido. Desde las proclives a exaltar todo lo que hizo la vinotinto en su planteamiento táctico, hasta aquellas tendenciosas de los comentaristas del cono sur, que son incapaces de ver cualquier avance de la selección venezolana.

Solo ven los errores cometidos por su propia selección, y atribuyen los goles y la derrota a fallas y no a los méritos de jugadores como Guerra o Rondón.

https://youtu.be/DyFHCYJafu8

Se ha hecho evidente que la mano de Dudamel ha tenido peso en el despliegue táctico de Venezuela. El rigor y la disciplina para mantener un resultado, aunque el rival sea superior, es notable.

Quizás ante Jamaica se pecó un poco de prudencia, pero es mejor tener un 1:0 en el bolsillo, tomando en cuenta el historial reciente de la vinotinto. Había que asegurar y se aseguró.

Ante Uruguay, Top Ten del Ranking Fifa y tercero de Sudamérica, había que ser cautos. Jugar a lo que se sabe y controlar a jugadores que están mejor calificados que los nuestros.

Por eso el mérito es aún mayor.

De una posición desesperanzada antes de iniciar la Copa América a estar en cuartos. De últimos de la eliminatoria a pasar a la siguiente ronda, a solo un paso de la semifinal.

Seguramente ante México aflojará, porque así le pasa a los equipos venezolanos, pero quizás no. Como dijo Dudamel en la rueda de prensa postpartido, este equipo no tiene nada qué ver con las selecciones previas, como la del Centenariazo. Ninguna selección vinotinto ha tenido tantos jugadores jugando en equipos y ligas de primer nivel como ésta. Ese es un plus que aporta experiencia, recorrido, recursos y manejo, tanto en la esfera individual como en la colectiva.

Aún no creo que haya que desbocarse en celebraciones, pero lo andado hasta ahora arroja esperanzas.

Zamora Campeón del apertura 2016

Otro torneo más sin título

Una temporada esperanzadora. Prometía muchísimo el aurinegro al inicio de este indefinible período con el que la FVF decidió adaptar los torneos al año-calendario.

Tanto el Adecuación como el Torneo Apertura vislumbraban una buena actuación del cuadro tachirense. Pero una cosa es lo que parece y otra muy distinta es la dificultad en plasmar esas expectativas como realidades.

Del Adecuación no vale la pena hablar.

El Apertura fue otra historia. Ahí andaba Táchira, el Deportivo Táchira, intentando asaltar la punta, a la que incluso accedió en algún momento.

Afrontar los compromisos de Libertadores, Copa Venezuela y Torneo nacional, provocó desgaste. Los largos viajes a México, tanto en la fase de grupos como en los octavos de Libertadores, y los más largos retornos, así como la escasa plantilla, tuvieron como consecuencia la debacle ante el Aragua.

No pretendo justificar, pero en una situación política y económica como la que vive Venezuela, demasiado hacen los clubes para mantenerse y sobrevivir.

En todo caso, debería ser satisfactorio haber trascendido la fase de grupos de Libertadores de una manera clara, sin bemoles.

No hay fondo para mantener tantos frentes abiertos. Táchira terminó a solo 2 puntos del Zamora en la fase regular, pero es evidente que el Aragua venía en curva ascendente, mientras que la plantilla aurinegra se desinflaba inexorablemente.

El Zamora vuelve a ser campeón. Una demostración de regularidad en los años recientes, a pesar del cambio de técnico y las condiciones económicas que envuelven al país.

Lo ilusos que éramos entonces

Transitar la Copa Libertadores en los años 70 y 80 era una verdadera hazaña para los clubes venezolanos. Instituciones que solo lo eran por el nombre, pero no por su solidez o su base.

Algunos de los clubes no tenían ni siquiera sede. Se formaban en peñas o por la ilusión de algún inmigrante español, italiano o portugués, o la de algunos venezolanos y colombianos que querían repetir en Venezuela el modelo de la Dimayor o de los países con tradición futbolística.

Al verlo desde la distancia temporal, larga y apaciguadora de calenturas de aficionado, era una verdadera proeza que los equipos venezolanos siquiera osaran desafiar a verdaderas maquinarias más o menos engranadas, con mayor o menor trayectoria y experiencia.

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Los aficionados también éramos ilusos, con mucha esperanza, deseando ver en nuestras canchas, en nuestros estadios, la magia que recibíamos a través de la televisión, cuando algún canal se dignaba transmitir algún partido.

Entonces veíamos cómo el Zamora de los agonizantes 70’s y nacientes 80’s se ponía el uniforme del Udinese, porque uno de sus directivos, italiano, había viajado a Udine y se trajo los uniformes con patrocinante y escudo incluidos. Así lo hacía también el Deportivo Italia, o el Deportivo Portugués, con los colores de las respectivas selecciones nacionales transalpina y lusitana.

Bebíamos de la fuente inspiradora del Portuguesa FC, que a fuerza de dólares logró dar la cara en la Libertadores y trajo a Jairzinho para su once, a pasearlo por Sudamérica y por los potreros que eran los campos de fútbol de Venezuela. Del mismo Italia, que clasificó a segunda ronda, que era semifinal también por el formato de la Libertadores de entonces, luego de derrotar al poderoso Fluminense.

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Tiempos cuando pocos tenían cuidado del cesped. Se jugaba entre matorrales en los que la pelota picaba para cualquier lado y era como un conejo saltando y huyendo de un cazador, zigzagueando y frenando de manera súbita, y se pintaban los peladeros para que en TV se viera todo unicolor.

Por no tener, Pueblo Nuevo no tenía pizarra. No era que no tenía pizarra electrónica. No tenía de ningún tipo hasta que algún voluntario caritativo montó una en la que se cambiaba el marcador como en los años 20, con paneles puestos a mano.

El marcador llegó apenas con la Copa América de 2007.

Así, cómo pretendíamos que los venezolanos lo hicieran mejor de lo que hacían en los torneos internacionales o en las eliminatorias mundialistas. Los equipos no eran profesionales y la organización tampoco. Así que clasificar o hacer un buen partido tenía que ver con que alguien había puesto un gran esfuerzo en organizar en su feudo la gran caimanera que era el fútbol profesional venezolano.

 

Se nos atraganta la Copa Venezuela

El Deportivo Tächira es el equipo grande de Venezuela, de eso no hay duda. Es la verdadera institución futbolística del país, con cierto nombre hecho fuera de las fronteras. El crecimiento de algún equipo de la capital y del oriente ha permitido equilibrar un poco las fuerzas que mueven el mundo futbolístico venezolano, pero Táchira por historia y tradición sigue siendo el referente.
En algún post antiguo se había comentado y preguntado acerca de la trayectoria del Táchira en la Copa Venezuela, esa que se ha pretendido siempre institucionalizar en nuestro país, con tan escasos antecedentes y falta de solidez, a la imagen de Europa. Esto es así de evidente por el hecho de que cuando en esta Tierra de Gracia había Copa Venezuela y Torneo Nacional, o Liga Mayor, o simplemente Liga, en el resto de los países de sudamérica, más futbolísticos, no existía un torneo similar, como tampoco había segunda división ni ascenso o descenso. Táchira ha ganado la Copa Venezuela una sola vez, en 1982, pero ha sido subcampeón en 4 oportunidades.
La Copa Venezuela ha sufrido transformaciones, cambios de nombre, sustituciones e incluso estuvo a punto de desaparecer de la historia venezolana, pero ha sido la perseverancia la que la ha mantenido, quizás impulsada en sus inicios por las mismas motivaciones que tuvo la existencia de la Liga. Las raíces europeas de los primeros federativos y dueños de equipos que han querido imitar la estructura de los campeonatos europeos.
El asunto es que ganar la Copa Venezuela en los 80 no daba ningún prestigio ni mucho menos acceso a un torneo internacional. Los equipos o clubes tampoco eran lo suficientemente sólidos ni estructuralmente robustos como para afrontar dos torneos simultáneos, además de la falta de estadios en condiciones, y la ausencia de suficiente afición y respaldo publicitario o de patrocinio.
Entonces por un lado la afrontabas con todo el esfuerzo y la dedicación, o simplemente la dejabas pasar. Ahora puedes asumirlo de la misma manera, sólo que en la actualidad ganar la Copa Venezuela da un cupo a la Sudamericana. No solo eso sino que la mayor exposición mediática y la mayor cantidad de público pendiente del futbol de Venezuela hacen que caer en un torneo como éste reste prestigio y respeto.
Pero es evidente que al Táchira se le atraganta la Copa.

Cuando San Cristóbal era la capital de fútbol en Venezuela

Desde comienzos de siglo el dominio del Deportivo Táchira no ha sido el mismo. El Caracas FC surgió como potencia, a nuestro pesar, y empezó a dominar dando lugar a la gran rivalidad que puede palparse entre el fútbol de los Andes y el del Caracas. No podemos hablar por regiones porque equipos como Italia o Galicia antes, y Deportivo Petare ahora no portan galones suficientes para ser considerados.
Lo que era el templo sagrado del fútbol nacional, el glorioso Polideportivo de Pueblo Nuevo, fue «profanado» varias veces por equipos cuyos jugadores y directivos nunca hubieran pensado aunque sí soñado hacerlo.
Ir a Pueblo Nuevo era visitar otro país. San Cristóbal era el paraíso futbolístico, donde los sueños del mundo del fútbol se cumplían, donde respirabas realmente balompié. Incluso más que en cualquier ciudad de Europa, tanto como en Colombia, pero con una virtud: No existía violencia ni influencias económicas oscuras. Era un territorio futbolístico genuino en el que la rivalidad, la preparación del partido, los comentarios de los múltiples programas deportivos se basaban en lo futbolístico.
Era la época en la que te podías molestar con lo que dijera Manolo Dávila, el sumo sacerdote de las ondas, pero seguías oyendo su programa para que hirviera la hiel. Podías reírte del esfuerzo de Jairo Adolfo para parecerse al Dr. Vélez, ¿o era Vélez el que se parecía a Jairo?
No había enfrentamientos. Podía haber alguna pelea en la popular, o incluso en la principal, pero ni siquiera era necesaria la intervención policial porque las cosas se resolvían rápido o las resolvía el propio público que a su manera exigía respeto y respetaba el espectáculo. Luego la fiesta seguía en la grada, porque era más importante ver el partido, analizarlo, disfrutarlo, alentar, sufrir, beberse toda la existencia de cerveza (Polar o Nacional) que llegar a quemar un autobús o violentar la salida de un equipo del estadio.

Táchira, el equipo de Venezuela

En los 80′ nuestro Táchira se paseaba por los estadios del país sembrando temor y respeto. Un poquito de envidia también. Eras los tiempos de William Méndez, Miguel Oswaldo, Socarrás, «Coco» Arroyo, y Francovig, Laureano y Maldonado. Un equipazo desde la portería hasta el 9.
El resto de equipos de la liga se frotaban las manos porque además de respeto y miedo, el Táchira les ofrecía una jugosa entrada en cada visita, en términos monetarios. Aunque no consta ni era tema principal en esa época, se notaba la satisfacción por la visita del Deportivo o Unión Atlético Táchira, el carrusel aurinegro, en cada plaza del torneo. Desde Margarita hasta Coro, pasando por Cumaná o Puerto Ordaz, Táchira arrastraba gente. Tanto los gochos desperdigados por toda Venezuela como los aficionados locales que querían ver un equipo que de verdad jugaba bien.
Táchira era «el equipo de Venezuela». En San Cristóbal se jugaba futbol sobre otros parámetros diferentes a la marginalidad e inopia que se vivía en el resto del país. La marginalidad no era principalmente económica, que también la había y en bruto, sino socio-cultural. El fútbol venezolano estaba arrojado a los rincones polvorientos y olvidados de las páginas interiores de algún periódico de alcance nacional. Alguna radio se aventuraba, sobre todo en Guayana, pero el gran peso consolidado estaba en Mérida y San Cristóbal.
Ya he comentado antes lo que era el futbol venezolano para la televisión nacional. Por no contar, no mencionaban ni siquiera los resultados de los partidos.
El fútbol venezolano era un fantasma a pesar de que era y es el deporte más practicado en el país, desde hacía muchos años, aún antes del beisbol y a pesar del mismo. Esta es una verdad demostrable estadística, demográfica y culturalmente. En amplias regiones de Venezuela prevalece el futbol sobre el beisbol. Sin denostar de este último, del cual somos muchos los aficionados fervientes entre los que preferimos al fútbol en primer lugar, está claro que la liga venezolana de beisbol es un ente restrictivo, selecto, pequeño y dependiente absolutamente de una liga de mayor envergadura, al punto de que ésta es la que dispone de los participantes determinando su devenir deportivo. La LVBP termina siendo una confederación híbrida en la que comparten grandesligas venidos a menos, novatos, triple A, clase A «suave», e inclasificables pues ya no tienen acceso a la organización MLB. El peso mediático y publicitario sin embargo lo tuvo el beisbol durante mucho tiempo hasta la explosión del futbol a finales de los 90.

La Jornada 8 del Apertura 2011

Se cumplió a octava jornada y, según la crónica, se nos escapó el triunfo a última hora, tal como pueden ver en la columna de al lado. Empate a 1 con el Zulia FC, gol marcado por Anderson Arias, el número 1753 en la historia del Aurinegro.
Nuestro glorioso Táchira marcó en el 79′, pero a 3 minutos del final Zulia pudo empatar, amargando lo que parecía ya un triunfo encaminado, dado el dominio demostrado, con un tiro al palo y un penal marrado. Sergio Herrera fue quien falló la pena máxima.
Ahora queda esperar el día 23/10 al Carabobo FC en el polideportivo.
Con este empate el Táchira queda en el 11º puesto de la clasificación general de primera división, con 10 puntos.
Caracas es líder, con 24 puntos seguido del Lara con 21. Los 3 últimos de la tabla son Estudiantes, Llaneros, y Tucanes con 5, 4 y 2 puntos respectivamente.

Un nuevo técnico… como siempre rumores

No se ha enfriado aún la silla en el despacho que detentaba el Chuy y ya empiezan a sonar nombres para su sustitución al mando aurinegro. En twitter en el #DvoTachira se habla con insistencia de Hernán Darío Gómez y de Anibal «Maño» Ruiz como candidatos.
Como siempre, esto tiene trazas de verdad y de especulación. También entra la imaginación y el deseo de muchos.
Es evidente que Hernán Darío está cesante y teóricamente disponible después de la debacle personal que le obligó a renunciar a la selección Colombia.

Ventajas de «Bolillo» como técnico:

  • Conoce la región y probablemente al equipo
  • Su hermano, que también fue su asistente técnico, jugó en el Deportivo Táchira
  • La idiosincracia del fútbol tachirense es más parecida a la colombiana que cualquier otra de Venezuela
  • Está libre
  • Es un técnico de alto nivel que aportará muchísimo al fútbol venezolano
Desventajas del «Bolillo»
  • Lo que cobrará que seguro será un dineral
  • Es un técnico de alto nivel y en Venezuela chocará con las falencias que todavía existen
  • No hay formado todavía un club como tal pero eso puede volverse ventaja al influir sobre este desarrollo
El «maño» Ruiz es paraguayo y tiene una amplia trayectoria, como jugador y como técnico, entrenando selecciones mundialistas y de mayor nivel que la venezolana, y a equipos profesionales en América. 
Ventajas del «Maño»
  • Es extranjero y con un respaldo profesional amplio y profundo
  • Ha jugado en Venezuela, aunque en la época en que nuestro fútbol era semiprofesional, por llamarlo de alguna manera (más semi que profesional)
Desventajas del «Maño»
  • No conoce el estado actual del fútbol venezolano
  • También será caro probablemente
  • No es tan conocido por la afición por lo que no se le dará tanto respaldo
Sería bueno conocer que otras ventajas y desventajas ven los asiduos de este blog y nos las comentaran.
De cualquier forma, es típico que en situaciones críticas como esta aparezcan noticias de este tipo, elucubraciones, propuestas y rumores, para, al final terminar con una contratación de menor cuantía y más cercana a las reales posibilidades económicas y deportivas.
Recuerdo cuando en los ’80s se contrató a Don Marcos Calderón, quien había sido técnico del Perú famoso de Oblitas, Cueto, LaRosa y Cubillas. Según la prensa de la época y el decir de toda la afición, con él vendrían 3 peruanos famosos – se hablaba de Cueto, Larosa y Oblitas. Sin embargo, al inicio de la temporada vinieron 3 peruanos, conocidos sólo en Perú: Manzo, Palacios y Chinchay ¡Qué diferencia,¿no?! El más «tronco» era Manzo, que hasta tragos amargos nos hizo pasar en la Libertadores de esos años contra los ecuatorianos Nacional y Barcelona, una Copa accesible que sin embargo nos arrojó al último lugar del grupo que compartíamos con el rival de clásico Atlético San Cristóbal
Así que ya veremos con qué nos sale la directiva. 
Mañana comentaré algunos twitts que he leído acerca del despido de Chuy, especialmente los de Alejandro Chacón y Daniel Chapella.

Por fín, Venezuela empata con Brasil en partido oficial

Han pasado 32 años desde que viví mi primera Copa América. Quería ir al polideportivo de Pueblo Nuevo, pero sólo tenía 12 años y nadie me compró la pólvora. En una semana Venezuela recibía a Chile y a Colombia. Tocó oir por radio la transmisión, creo que fue por Radio Táchira. En Chile y Colombia jugaba gente importante. En la roja chilena estaban Carlos Caszely y Patricio Yañez. En Colombia iba Arnoldo Iguarán, quien después iría a mi querido Deportivo Táchira como el fichaje más caro jamás realizado en el futbol venezolano. Nada más y nada menos que 250 mil dólares. Pálidos 250 mil al lado de lo que ahora se paga por cualquier jugador. Era sin embargo un dineral para un fútbol que era prácticamente semiprofesional. Pero esa es otra historia.
Venezuela empató con Colombia a 0 y con Chile a 1 (gol de Rodolfo, el flaco, Carvajal) en Pueblo Nuevo y por cierto, el portero de Venezuela era el padre de Renny, el actual portero de Venezuela. Por esa actuación y la inolvidable ante Brasil en el premundial del ’81 Vicente Vegas es el portero histórico de Venezuela, el referente, aunque ahora pocos se acuerden. De hecho, Vegas fue a Brasil a jugaren la primera división de ese país por allá por 1982.
Hoy, 3 de julio de 2011, ocurre un hito histórico para el fútbol venezolano. Por fin creímos y logramos lo que ninguna selección había podido, empatarle a Brasil. Al Brasil de Elano, Alexandre Pato, Dani Alves, y Julio César. Al Brasil que siempre quiere ser campeón del mundo. Al Neymar que quiere el Madrid. Bien parados, bien administrados. Con el regusto de soñar y aspirar al triunfo.
Gracias a Farías y a Arango, Rincón, Miku, Cichero, Lucena, Perozo, Vegas, Giancarlo, Alejandro, Di Giorgi, Rondón, Vizcarrondo y «Maestrico» González. Son los herederos de esas selecciones de Páez y del atrevimiento de los últimos 10 años. Pero esta es la mejor selección de todos los tiempos. Y eso que no jugó Yohandry.
Ahora contra Paraguay y contra Ecuador. Que tiemblen, porque viene la Vinotinto.

¡Táchira Campeón Absoluto!

Mi Deportivo Táchira se hizo campeón nacional. La séptima estrella llegó. Fue duro, porque el clausura se recorrió con dificultad, sin brillar. A final fue la firmeza de la historia, el poder del templo, el respaldo de los antecedentes y la fuerza de la camiseta lo que logró el tirunfo.
Ahora la Libertadores. Armarse bien y competir con seriedad. Quisiera ver a nuestro equipo trascendiendo y callando bocas en sudamérica. Especialmente en Colombia y el cono sur. Quiero oír a Ivan Mejía diciendo que nuestro Deportivo Táchira es un equipo competitivo y sólido. Que eso se sepa en España para que vean que el surgimiento de Venezuela no es un evento aislado como ocurrió con Bolivia en 1994.
Saludos y celebremos con el mejor equipo de Venezuela.