La gripe en febrero

A diferencia de las regiones íntertropicales en las que la falta de variabilidad estacional hace menos visible la preminencia de algunas patologías, así como los picos y valles de ciertas entidades que se agolpan en las salas de urgencias según la época del año, en España es un hecho aceptado y contrastado que la gripe es “en febrero”.
Suponemos que tendría que haber todo un plan, no ya de contingencia, sino de optimización de recursos materiales y humanos para afrontar la sobrecarga asistencial durante esta época del año. La sobrecarga no debería ser tal, en tanto es consecuencia de un hecho totalmente previsible.
Sin embargo, las salas de urgencias de todos los hospitales se saturan, el personal se agobia, los pacientes pasan horas e incluso días en espera de una cama de hospitalización y aparecen los “iluminados” a ofrecer “soluciones”, así como los profetas a anunciar el “advenimiento del fin del sistema” y la llegada del “Apocalipsis”, hasta que el invierno acaba y pasa el vendaval.
Los profetas para el desprevenido son aquellos con papel de “perro del hortelano”, como los denomina en un post del blog Curar a veces… la colega Ana de Pablo (@anadeph), en el que hace una acertada crítica al papel veleidoso de ciertos agentes que parecen reclamar por todo, con tal de evitar reconocer que una decisión es correcta. Mi madre para la queja irracional constante usaba el ejemplo de cierto campesino que constantemente se quejaba: “¡coño, Dios! Llueve!”, y si hacía buen tiempo: “¡coño, Dios! ¡Hace sol!”
Así va la cosa. En un hospital madrileño parece que han disminuido los ingresos de las cirugías programadas para dar paso a los pacientes no quirúrgicos que constituyen una fuente gruesa y cierta de presión sobre el servicio de hospitalización. La demanda de este tipo de pacientes es alta en este momento y es necesario el drenaje de las unidades de pacientes agudos (Urgencias y UCI).
En algún momento, como dice la doctora de Pablo, hay que priorizar los pacientes no quirúrgicos, los que no están en el cartel político electoralista, sobre los quirúrgicos, que seguramente podrán o tendrían que reprogramarse en épocas de menor presión, en las que debería recuperarse lo que se dejará de hacer ahora.
Las raras ocasiones en que un gestor, administrador o gerente con dos dedos de frente decide en el ámbito local algo de sentido común, no puede ser presa de la crítica irracional, indiscriminada y sesgada, emitida según intereses también políticos o sin tomar en cuenta todos los factores que llevaron a esa decisión.

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